Andar para atrás
Hay equivocaciones que luego cuestan mucho tiempo, pero sobre todo dinero, enmendar. Si las equivocaciones se comenten por desconocimiento y porque creemos que es lo mejor para la sociedad es una desgracia, aunque en ocasiones se transforman en tragedia. Por el contrario, si las equivocaciones se comenten a sabiendas de que es un disparate, un contrasentido y contrario al interés general simplemente, es una gamberrada y una desvergüenza. Y eso –me temo- es lo que ha ocurrido con el acuerdo adoptado por el pleno del Cabildo de Lanzarote de construir un nuevo Hospital Insular en Tahíche que sustituya al viejo que dirigiera el bueno del doctor José Molina, allá por los años 50. A pesar de disfrazarse los objetivos que tendría el nuevo centro hospitalario con todo tipo de justificaciones –el papel lo aguanta todo, los consejeros del Grupo de Gobierno del PSOE saben a ciencia cierta que es otro paso atrás en la modernización de los servicios socio-sanitarios de la isla. Tiene muy poco sentido la propuesta del Cabildo de ceder unos terrenos para que el Gobierno de Canarias financie la obra del nuevo Hospital Insular, con un coste superior a los 18 millones de euros, para que preste unos servicios que ya la Comunidad Autónoma ofrece en la isla a través del Servicio Canario de Salud. Menos sentido aún que el Gobierno de Canarias haga de “paganini” para que sean los políticos de turno del Cabildo quiénes gestionen ese Hospital Insular del Cabildo. Tal parece el dislate que da la impresión que los socialistas lo que pretenden con su propuesta envenenada es que, realmente, no se construya ningún Hospital Insular en Lanzarote y echarle la culpa de ello luego al Gobierno canario. Como saben que es un disparate que el Cabildo invierta más de 3 mil millones de las antiguas pesetas en un hospital que no tiene sentido hoy en Lanzarote, justifican su propia ineficiencia creando un problema al Gobierno Canario.
Otra cosa distinta es el asunto de crear un gran centro geriátrico insular y moderno en Lanzarote, que financiara el Cabildo y el Gobierno de Canarias. Ahí es donde debemos estar todos a una en la negociación del Cabildo con el Gobierno de Canarias de una obra de altura y bien dotada. Pero aquí queremos seguir siendo más papistas que el Papa. Más raros que un mono azul, más listos que los tontos. Y así nos inventamos problemas donde hay soluciones. Porque el Hospital Insular ha sido un gran problema para esta Isla en los últimos años que nadie ha querido resolver porque nadie quiere afrontar la realidad. Y la realidad es que lo que nació hace más de medio siglo para cubrir las mínimas necesidades sanitarias que el Estado no cubría en Lanzarote, resulta que ahora no tiene sitio en la actual estructura socio-sanitaria de Canarias. Son viejos problemas heredados de una situación muy especial de antaño que otras islas ya resolvieron hace años pasando esos hospitales insulares al Servicio Canario de Salud, y que en Lanzarote el Cabildo nunca quiso resolver negociando su traspaso al Servicio Canario de Salud por razones estéticas, cuando no espurias e inconfesables.
Ahora esa cabezonería supone que el Cabildo de Lanzarote le cueste unos cuatro millones de euros anuales mantener el viejo Hospital, gasto que no soportan los Cabildos de Gran Canaria y Tenerife. Y, además, esa demagogia partidista ha conducido a que nuestros “viejillos” estén desde hace años soportando unas instalaciones anticuadas, en una especie de hostal viejo, en lugar de en unas instalaciones modernas y adecuadas a los tiempos de una Canarias desarrollada tal y como disfrutan nuestros mayores en las islas más pobladas del archipiélago.
P.D. Mi mayor reconocimiento a los trabajadores que han estado sacando el trabajo desde hace años en ese Hospital Insular en condiciones muy desfavorables. Sobre todo, a aquellos que se dedican a cuidar de las personas mayores. Trabajadores a los que se les debe buscar una solución positiva a sus intereses. Desde el director Guzmán, un gran profesional y un hombre comprometido con la sanidad insular, hasta el último celador. Pero esa no es la cuestión de este artículo. Aquí hablo de futuro, no de pasado.
Si las equivocaciones se comenten a sabiendas de que es un disparate, un contrasentido y contrario al interés general simplemente, es una gamberrada y una desvergüenza.
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