Mirando el pasado
En la última entrega del 2006, le daba la bienvenida al 2007, titulando mi artículo “Mirando el Futuro”, quiero recordar, y hablaba de que políticamente nos despedíamos del año con nuevas crisis en las corporaciones más importantes de la isla. Exponía que no era nada extraño porque la isla de Lanzarote siempre ha sido, al menos desde las últimas dos décadas un laboratorio de experimentos de mociones de censuras y otras convulsiones, jamás visto en otros lugares, ya que Lanzarote bate récord. Algún fenómeno maléfico debe perseguir de forma continua a la isla. No obstante, creo que, incluso ya, nos hemos acostumbrado tanto a vivir con grandes turbulencias que ya nada nos extraña. El 2008, empieza igual que el 2007: Amenazas de ruptura de pactos en cuatro ayuntamientos y el mismo Gobierno insular. Esto trae como consecuencia que los proyectos se queden en los cajones de los despachos de nuestros dirigentes y, como contrapartida, la isla camine hacia el abismo, con parálisis total. Seguimos con la incertidumbre del Plan de Ordenación de Arrecife, el Plan Puerto-Ciudad, el muelle de cruceros, el palacio de congresos y otras infraestructuras, como carreteras, adecentamientos de calles, aceras, alumbrado, adaptación de los planes de política territorial, etc.… ¿Cómo los políticos pueden proyectar si no saben si van a seguir en los puestos que legítimamente los electores les han dispuesto? ¡Lanzarote, es una isla de locos!, me decía, recientemente, un conocido promotor grancanario, en Las Palmas. Yo le contesté, porque me vino rápidamente a la memoria, que la paciencia de los conejeros es ilimitada, igual que nuestros antepasados cuando no teníamos desaladoras, que después de cinco años de sequía, siempre exclamaban cuando miraban al cielo: ¡Algún día lloverá! Y a reglón seguido me contestó: ¡Esto es cuestión de tierra no de cielo! Pues sí. No tengo otro remedio que aceptar esa afirmación y tener que alejarme de esos genios maléficos que a veces le persiguen a uno sin saber por qué y pensar que los espíritus solo están en nuestras mentes, porque no existen. Al menos es un consuelo pensar que la isla de Lanzarote la dirigen personas y no seres extraños invisibles.
Qué más le puedo contar de un año también electoral. Esperar de nuevo que la sociedad lanzaroteña recupere su autoestima, que los partidos políticos, y sobre todo los gobernantes, despierten ilusión e impulsen la acción pública que los habitantes de esta isla están pidiendo a gritos. Están pidiendo también que los mismos se alejen de los repetidos y machacones discursos que muchas veces solo son cantos de sirenas.
Miro el pasado con tristeza y hago esfuerzos para ver el futuro con un poco más de optimismo. Esta ficticia ilusión me mantiene pero no les oculto que a veces tengo ganas de levantar vuelo y marcharme de esta isla. Para lo que hay que ver.
Y no es que tenga un mal día, es que estoy hasta los mismos de tener que aguantar a tantos incompetentes y estúpidos (masculinos y femeninos) que se creen los dueños del mundo porque les han concedido un puesto público. Analfabetos.
Y nada más, como el vino nuevo, el año envejecerá, nosotros también. Ahora, más que nunca, espero la llegada del Profeta. Aunque escucho como una voz de fantasma, a lo lejos, exclamando ¡A Lanzarote! Ni de coña…
Y don Eduardo, el todopoderoso presidente cameral se salió con la suya. Y que más da… Al menos no pierde el tiempo.
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