Sigue la “guanchancha” El Gobierno paulinés sigue con la perreta de la Policía Autonómica, a la que muchos llaman “guanchancha” por comprensible mimetismo. Dicen los paulineses que estará en la calle antes de fin de año este empeño que figura entre los objetivos prioritarios del Ejecutivo regional y que va acompañado, cómo no, de referencias al abandono por Madrid de su obligación de poner un par de guardias en cada esquina.
Para que esta argumentación funcione, el consejero de la Justicia que hay, José Miguel Ruano, ha acusado a la Delegación del Gobierno de falsear las estadísticas de comisión de delitos en las islas. Las consideró “propaganda política”, algo que no estoy en condiciones de afirmar o negar. No está uno tan afinado en estas cosas. Ruano cree más objetiva y creíble la memoria del Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC) que registra un 6,9 por ciento de incremento en el número de diligencias practicadas. Y ahí sí que puedo decir algo pues ese aumento del trabajo de los juzgados no implica, necesariamente, aumento paralelo del número de delitos pues muy bien podría deberse a una mejora de la eficiencia policial traducida en el mayor número de asuntos aclarados y de presuntos delincuentes puestos a disposición de la autoridad judicial.
No parece, pues, que Ruano eligiera un gran argumento. Revela, más bien, falta de argumentaciones sólidas que justifiquen la creación de la “guanchancha”, que, por lo visto, sólo aspira ahora a ser complementaria de los cuerpos de seguridad del Estado y que, sin duda, hará un papel lucido en las procesiones y a la entrada de los edificios oficiales. Hubo un tiempo en que los signos externos de la autonomía era poseer bandera, himno (el arroró en nuestro caso) y compañía aérea propia. Ahora es precisa, además, una Policía indígena para que no se diga.
Está uno tan cansado de este asunto y de lo repetitivo que resulta que ya no sé si estoy a favor o en contra de un cuerpo que, en cualquier caso, será una nueva carga no suficientemente explicada para los presupuestos regionales. El Gobierno le dedicó hace unos días un Consejo monográfico o poco menos, honor que no han merecido otros asuntos. Como si éste fuera uno de esos pequeños países centroeuropeos ficticios, de opereta, que fía su futuro en que Maurice Chevalier seduzca y matrimonie a una norteamericana podrida de dinero. O si venimos más cerca en el tiempo, sin salir de la farándula, como uno de esos grandes escenarios de Carnaval en los que nadie se reconoce (algo muy propio de los carnavales, dicho sea de paso) aunque lleva camino de convertirse en nuestra fiesta nacional-bananera.
Pero, bromas aparte, no sabe el Gobierno que hay reticencias de otra naturaleza que no se han expresado en público, pero que ahí están. Tanto en Las Palmas de Gran Canaria como en Santa Cruz de Tenerife se crearon unidades especiales de la Policía Local que, a lo que se ve, tienen como parte principal de sus entrenamientos los telefilms americanos, a juzgar por su manera de actuar. La persecución con tiros incluidos del otro día por las calles de la capital grancanaria, que incluyó un choquetazo de dos de las unidades perseguidoras, ha provocado perplejidad e indignación que más de uno ha extrapolado a la “guanchancha”, al tiempo que se comenta con notable aprensión el uso que de esa Policía harán los políticos una vez cuando la tengan a su disposición. Otros dicen que le están fabricando a Madrid un buen pretexto para reducir efectivos de sus fuerzas en las islas. En definitiva: quien no está contento es porque no quiere.
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