La debacle de CC
CC ha quedado como tercera fuerza en la provincia de Tenerife y cuarta en la de Las Palmas. Lo que viene a confirmar el “barrido” que ya se le diera en Gran Canaria en las locales. No sólo no podrá formar grupo parlamentario en el Congreso sino que no cuenta ni con un senador al quedar descabalgada por el PP la candidatura de Ricardo Melchior. Cabe, desde luego, que el voto de los emigrantes permita al presidente del Cabildo tinerfeño hacerse, por último, con el acta de senador, pero ni así.
Desde luego, no hay duda de que la querencia bipartidista, que se ha acentuado, tiene bastante que ver como reflejo del nada imperceptible deslizamiento hacia las famosas dos Españas, la tradicional y casposa dominada por los de siempre y los curas y la otra, la que pretende ponerse en su tiempo. La necesidad de cerrarle al peso a la primera acabó por reducir a casi nada a IU vía el famoso voto útil y entre esto y la lata que dan vieron los nacionalistas bastante recortadas sus expectativas.
La tentación de incluir a CC entre los nacionalismos perjudicados puede ser fuerte como excusa. Pero no es exactamente el caso porque, para empezar, habría que determinar primero si se trata de un nacionalismo de verdad o del instrumento de ciertos grupos de presión o de negocios. Los problemas de CC poco tienen que ver con el bipartidismo y se relacionan más con el cerrilismo insularista de ATI, la vinculación de política y negocios y una derechización del lado del PP que acabó por dar el pretexto ideal para la formación de NC.
No es el momento de volver sobre el proceso que ha dejado a CC en nada. A estas alturas es pura anécdota. No lo es tanto la anomalía que supone el que ostente la presidencia de Canarias. Desde luego, no hay nada ilegítimo ni ilegal que le impida mantenerse ahí hasta el 2011; otra cosa es que políticamente pueda justificarse ante la pérdida de implantación electoral y el hecho de haber desarrollado el Gobierno una política de oposición al Gobierno de Zapatero más por cumplir sus pactos con Rajoy que por interés de las islas. Un interés que la propia CC cifró siempre en entenderse con quien gobernara en España y que dejó de existir cuando ATI comprobó que ya no le convenía esto, apuntándose, como hizo Paulino, a hostigar a Zapatero apostando por el triunfo de Rajoy, que no se produjo.
Es complicado explicarle a quienes no conocen las islas estos endemoniados entresijos políticos isleños que pueden dar como resultado que el ganador neto en dos elecciones seguidas –las autonómicas y locales y las generales del 9-M- esté en la oposición y que el segundo ostente la vicepresidencia de un Gobierno presidido por el perdedor. Inútil ha sido que CC y PP dediquen el tiempo que debería llevarles gobernar en embestir contra López Aguilar porque los votantes han demostrado no estar de acuerdo con ellos al hacerlo ganador. Lo que, por supuesto, no perturba el ánimo de la alianza gobernante que tampoco se ha dado por aludida al ser su Ejecutivo el peor valorado de todas las Comunidades Autónomas por parte de sus propios ciudadanos.
Puede mantenerse el Gobierno canario hasta 2011. La cuestión es qué precio hemos de pagar por mantener una ficción sólo posible porque no hay prácticamente posibilidad alguna de unas elecciones anticipadas; a pesar de que la situación actual no admite otra salida distinta.
Los socialistas no tienen prisa, al decir de López Aguilar y prefieren aguardar a 2011 para tratar de hacerse con la gobernación de Canarias en solitario. Es evidente que la política del PSOE hacia Canarias se va a situar en esa perspectiva por lo que no le arriendo yo la ganancia al Ejecutivo autonómico. Con las elecciones del domingo Canarias ha ganado en precariedad. Ellos sabrán lo que hacen, aunque sea mucho suponer.
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