Lo de Paulino
No oí el discurso con que Paulino abrió el debate sobre el estado de la cosa. No me sentí con fuerzas para aguantar el presunto masque y aproveché que ya estoy liberado de funciones informativas para dejar estar la tele. Pero después de tantos años sin perderte ni uno solo, de esos digamos encuentros, me quedó cierta mala conciencia. ¿Y si, de repente, resulta que Paulino no es tan mediocre, se revela todo un Castelar y me lo pierdo?
En cuanto salté el jueves de la cama me puse ante los periódicos. Nada nuevo bajo el sol. El discurso fue, al decir de los compañeros, lo que yo preveía y ya pude desayunar tranquilo. Fueron previsibles incluso las reacciones de los portavoces. Si para López Aguilar fue “un discurso impostor” de un presidente “derrotado, perdido y triste”, a Soria le pareció una intervención de “mucho rigor”; aunque la valoración más amenazante fuera la del portavoz de CC, José Miguel Barragán. “Este Gobierno está cumpliendo su programa”, aseguró Barragán, cosa que de ser cierta es de echarse a temblar. Porque si el cumplimiento del programa lo reflejan la política sanitaria y los conflictos educativos, por referirme sólo a los dos sectores que más bulla meten, vamos tocados del ala.
Me interesaba más, lo confieso, escuchar a López Aguilar para comprobar, una vez más, que lo que irrita de él a ATIcc-PP no es que se exalte ni sus supuestos gritos sino que enjuicia, sin eufemismos y con contundencia, lo que es para él este Gobierno. Que se siente insultado por la misma falta de costumbre de que le canten las cuarenta en bastos de manera tan directa.
Ayer, sin ir más lejos, a Paulino no se le ocurrió otra cosa que comparar a López Aguilar con el dichoso chiquichiqui o como demonios se llame esa broma de Benavente que se encaramó a Eurovisión. Entonces dejé definitivamente el televisor y me ratifiqué en que acerté al no seguir la intervención presidencial del miércoles. No hay más vueltas de hoja. Patético.
Más interés tiene la que ha formado Domingo González Arroyo en el PP de Fuerteventura. No entro en los detalles, que son conocidos. Son conocidas las malas artes del marqués y no menos las de Soria, que ha querido jugarle el ojo a favor de Águeda Montelongo. González Arroyo ha querido llegar a apaños con varios y bastante extraños especímenes socialistas para echar a los nacionalistas de las instituciones majoreras y el resultado fue el escrito de una veintena de cargos públicos del PP poniéndolo a caldo, a pesar de que, al fin y al cabo, no ha hecho sino lo que suele hacer siempre; antes cuando cerraban filas con él y ahora que, por lo visto, no les conviene que siga en su línea de creerse el amo del partido y de la isla.
Los cargos del PP apelaron a Soria y a Rajoy para meter en collera a González Arroyo y escenificaron algo que parece un preludio de ruptura interna. Soria se inclina por Montelongo pero, es evidente, no está en las mejores condiciones para imponerse. No inspira respeto. Se le nota demasiado que vela por su pacto con Paulino y ni él, ni los varios firmantes del escrito contra el marqués, están por romper con los nacionalistas y perder las últimas poltronas y emolumentos que les van quedando. No les queda otro remedio que enfrentarse al marqués que, como es bien sabido, resulta ser tipo mal amañado donde los haya de modo que no le arriendo yo a Soria la ganancia.
El debate parlamentario y lo ocurrido en Fuerteventura no hacen sino poner de manifiesto la degradación política del Gobierno canario y de los dos partidos que lo forman. Está a la vista. En cualquier democracia una situación como ésta determinaría la convocatoria de elecciones anticipadas, como ya he dicho en otras ocasiones. Pero que aquí resulta impensable por lo que habrá que aguantar así hasta 2011 y que sea lo que Dios quiera.
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