Ana Oramas, en el Parlamento.
Si algo demostró Ana Oramas en su intervención en el debate de investidura es que CC no sabe muy bien por dónde se anda. No es ya que no aprecie los matices sino que no ha advertido el grosor de los trazos de la política que se propone desarrollar en Canarias el candidato socialista a la presidencia de España.
Hizo Oramas, para empezar, una alusión a la posibilidad de que los canarios dejaran de concurrir al Congreso diputados canarios. Suena a las advertencias de una deriva independentista para obtener concesiones de Madrid. Algo tan viejo que también fue el recurso de principios de los 70 para arrancar el primer REF. De no aceptarse las propuestas de los procuradores canarios, advirtieron éstos entonces, se fortalecía la opción del “comunismo separatista”, extraña avis pues si bien, es fama, los comunistas olían entonces a azufre, no dejaban de ser centralistas y ferozmente anti-nacionalistas.
Sin embargo, lo malo no es eso. Al fin y al cabo, el independentismo no deja de ser una opción política legítima al margen de lo que pueda pensarse de ella desde otros posicionamientos no menos legítimos. Lo peor es que las palabras de Oramas tienen notable sabor a sectarismo nacionalero pues puede entenderse que considera canarios sólo a los dos solitarios diputados de CC, ella misma y el palmero Perestelo. Lo que sería tanto como decir que los escaños obtenidos en las islas por PSOE y PP los ocupan en realidad zulúes que han prosperado rápidamente desde su llegada a bordo de cualquier cayuco.
Con esas percepciones no es raro que Oramas no entienda nada. Por ejemplo, que Zapatero prefiriera no comprometerse con los nacionalistas y renunciar a salir presidente en la primera votación. Y si eso hizo con PNV y CiU, que no le podrán exigir ahora pago alguno, pintan tan poco los dos diputados de CC que aprovechó la intervención de Oramas para desvelarle a los demás nacionalistas cuáles son sus intenciones, cómo gobernará respecto a ellos: todo el diálogo que sea necesario para llegar a los consensos que sean, pero siempre desde la aplicación sin ataduras previas del programa político socialista.
Si se fijan, Zapatero no replicó a Oramas sino para recordarle que fue el Gobierno canario quien inició la política de confrontación con Madrid. Todo lo demás fue una exposición del programa socialista para Canarias absolutamente desligado de las propuestas de CC. Aquellas en las que coincidan no aparecerán, entonces, como compromisos arrancados por CC sino como expresión de la visión socialista de Canarias que han ido elaborando los socialistas de origen zulú que se sientan en las dos cámaras.
Oramas no parece haber captado el mensaje. Y no sé si lo habrá hecho Paulino, que pudiera verse en la tesitura de cuestionar iniciativas socialistas objetivamente favorables a Canarias obligado por el pacto con el PP y sus propios intereses electorales. Le será difícil resistirse porque sería tanto como convertir a su Gobierno en principal escollo para el avance de las islas al bloquear las iniciativas positivas del Gobierno central.
Para mí el propósito del PSOE es profundizar en la esquizofrenia de CC para consolidar y ampliar su implantación electoral en las islas. Zapatero anunció que prestará a Canarias una atención especial, lo que debe entenderse no como la fórmula cuasi protocolaria obligada sino como toda una manifestación de intenciones, de acuerdo con esa estrategia en la que algo tendrá que ver el magín de López Aguilar. Su marcha del Parlamento canario para estar en el Congreso, cerca del Gobierno, bien pudiera responder a la necesidad de influir directamente en esa política de orillar al nacionalismo de CC que si ya sabíamos falso, ahora se nos revela torpe.
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