Los martillos de herejes
Si hace unos añitos el que esto escribe hubiese defendido la instalación de grandes superficies de alimentación y centros comerciales en Arrecife tan vehementemente como ahora hacen algunos me hubiesen insultado. Como mínimo me acusarían de defender los intereses de las grandes multinacionales en contra del comercio tradicional. Dirían que estoy a favor de la destrucción de miles de puestos de trabajo y de la desarticulación de la débil estructura comercial de la isla. Finalmente me clavarían en la cruz, me acusarían de haber llegado a un pacto con el diablo y me quemarían vivo por hereje. Pero ese no es el problema del asunto que hoy ocupa y preocupa a un sector importante de los ciudadanos de la isla que justamente protestan contra la carestía de la cesta de la compra. El problema es que, cuando éste humilde escribidor defendió tímidamente la necesidad de que Arrecife contara con centros comerciales y grandes superficies de alimentación en las fechas en que Hiperdino intentó construir uno en Valterra, casi lo matan. Los martillos de herejes, los inquisidores del siglo XXI, me acusaron de ser el gran defensor de las multinacionales de la alimentación y el gran traidor de la isla. Los comerciantes más fuertes de la isla, sobre todo el representante del único centro comercial existente en Lanzarote por aquel entonces -me refiero al Deiland de Playa Honda, que dirige Eduardo Spínola, hoy presidente de la Cámara de Comercio de Lanzarote- advirtieron a la revista de la que yo era director con la retirada de la publicidad si en su línea editorial no se defendía la estrategia organizada por él y otros comerciantes para evitar como fuera la construcción del centro comercial de Valterra.
Tras una muy desagradable discusión con Eduardo Spínola y gracias a la intervención de otros comerciantes que estaban en la operación derribo al centro comercial de Valterra de Hiperdino, se llegó a una especie de entendimiento. El acuerdo no fue otro que nosotros trataríamos generosamente la información de la plataforma creada contra el centro comercial Valterra, pero que también daríamos nuestras páginas a Hiperdino para que ésta defendiera sus tesis, mientras editorialmente LANCELOT mantendría una postura neutral. Confieso que la organización de la plataforma contra Hiperdino era mucho más fuerte y que "trabajó" y "trató" a los medios de comunicación mucho mejor que los "dinosaurios". De tal manera que al final les ganó la batalla por goleada, como ya es sabido.
Viene esto ahora a cuento por que no deja de ser gracioso que el que se puso al frente de esa guerra contra las grandes superficies comerciales fuera el primero en caer, en Lanzarote, en la tentación de la sustanciosa oferta que le hizo Hiperdino para que le cediera la explotación sus propios supermercados. Y también de que sea el que, diciendo digo donde antes dijo Diego, se presume que podría estar detrás de esa feroz campaña desatada contra la Ley de Comercio de Canarias, que restringe la instalación de las grandes multinacionales del comercio. Lo curioso es que mientras los que defendimos humildemente- y defendemos- que una ciudad como Arrecife merece disfrutar de dos o tres grandes centros comerciales fuimos calificados de ultraliberales mientras, que los que iban en contra de esa idea se presentaron como los grandes abanderados del interés general. Como resulta asombroso, insisto, que los que antes calificaban a Carrefour, Mercadona, Alcampo… como los grandes ogros del pequeño y mediano comercio, como multinacionales sin alma, hoy sean, por lo visto, la salvación de Lanzarote. Muchos temen que cuando el presidente de la Cámara de Comercio logre meter en su Argana Centro a Carrefour u otra gran superficie de la alimentación se desvanezca poco a poco la lucha para que haya otros grandes operadores del comercio en Lanzarote. Pues eso, que aquí por lo que lucha Eduardo Spínola no es por resolver la carestía de la cesta de la compra -cosa que poco o nada le ha preocupado- sino por conseguir meter una multinacional de la alimentación en su polémico Argana Centro bajo el señuelo de que con ello los lanzaroteños comeremos más barato.
Por lo que lucha Eduardo Spínola no es por resolver la carestía de la cesta de la compra -cosa que poco o nada le ha preocupado- sino por conseguir meter una multinacional de la alimentación en su polémico Argana Centro.
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