Sigue el baile
El otro día dio Mariano Rajoy un golpe de autoridad en Elche. Todo el mundo interpretó sus palabras como invitación a Esperanza Aguirre para que cogiera puerta, una vez convencido de que no tiene posibilidades de optar con éxito frente a él a la presidencia del PP. Aguirre reaccionó con un sí pero no acerca de sus intenciones, Rajoy recogió velas y Fraga bramó en plan de mandar a callar a la presidenta de Madrid; que ni puñetero caso porque ella es como es y Fraga no es el que era.
El caso es que entretienen mucho. Dicen que todo es cosa del debate pre-congresual pero nadie sabe, exactamente, qué se debate. Como tampoco está muy claro qué harán en este asunto los populares canarios. Parecen inclinarse por Rajoy, lo que es de momento obligatorio porque es el único que aspira oficialmente a la presidencia del PP, pero debe haber por ahí algún matiz que se me escapa. González Arroyo ha conseguido en Fuerteventura que los compromisarios electos al Congreso sean suyos y puede considerarse un reflejo en Canarias de las tensiones populares la que se trae el marqués con Soria. Pero son cosas entre ellos que sólo a ellos importan. Visto desde Madrid sólo interesa saber que no irán esos compromisarios contra Rajoy; y si lo vemos desde aquí, ya me contarán.
Es una batalla que no nos va ni nos viene más allá de si saldrá de ella la derecha civilizada, democrática y culta que el país necesita. Dice Rajoy que eso es, justamente, lo que quiere por lo que su problema es que nos lo creamos tras los cuatro años que nos ha dado.
En la parte que toca a los populares canarios, José Manuel Soria está en plan Aguirre. Si ésta no revela sus intenciones y dice una cosa y su contraria, Soria no acaba de decidirse (al menos de anunciar) si se presentará a su reelección como presidente del PP regional. Su imagen política no está para presumir demasiado y hay quienes no descartan la posibilidad de que se vaya, tras exprimir el tiempo que pueda quedarle en el Gobierno. Se dicen muchas cosas, pero no he podido confirmar razonablemente ninguna; lo que tampoco he intentado, valgan verdades. Lo único cierto es el considerable número de peperos isleños a los que les gustaría que se quitara de en medio.
Son demasiados los feos asuntos que le han caído cerca a Doria y muy comentadas sus incongruencias, pues si sacó del partido a los involucrados en el concurso eólico y en lo de Telde, defiende a muerte la permanencia del alcalde de Mogán. Se le ha venido abajo la imagen de gestor eficaz que se había construido a fuerza de marketing que no superó la prueba del nueve de un balance mínimo de realizaciones a considerar. No sólo carece de un balance positivo que ofrecer sino que sus iniciativas estrella han ido cayendo en sucesivas sentencias judiciales dejando al Ayuntamiento de Las Palmas y al Cabildo de Gran Canaria fuertemente entrampado. El balance es, por tanto, muy negativo.
Si a Soria no le va bien, no puede decirse que le vaya mejor a su socio de Gobierno. Paulino Rivero sigue acumulando despropósitos; desde su afán, compartido con Soria, de manejar los medios de comunicación públicos y controlar los privados hasta esas veleidades secesionistas que encabeza Miguel Zerolo sobre las que no quiere pronunciarse.
Por cierto: me apresuro a aclarar que me parece muy bien que los independentistas batalle por lo que creen. Lo que ocurre es que en tratándose de Zerolo, el alcalde de Santa Cruz que se ha negado a retirar de las calles de su ciudad los monumentos y las referencias a la dictadura más sangrienta que hemos padecido, dudo bastante que sea el deseo de liberarnos de la opresión española lo que le mueve. La nueva zeroliada no tendría mayor importancia si no fuera por la actitud de Paulino de ni apoyo ni condena, ni siquiera de disconformidad. Como si pretendiera dejar esa bala en la escopeta sin percatarse de que ésta se ha quedado sin percutor.
En fin: no hay por donde cogerlos. Pero el baile sigue.
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