El valor de una gran obra
Sólo un empresario arriesgado, ambicioso con lo nuestro y con la sensibilidad suficiente por lo bien hecho, se embarca en una aventura del calibre de Bodegas Stratvs. Juan Francisco Rosa es una persona curiosa, polémica como todos aquéllos que destacan y triunfan en sus negocios. Un empresario que no deja a nadie indiferente, ni a los amigos ni a los enemigos, que también los tiene. Es verdad que nunca he oído hablar mal de él entre aquéllos que lo conocen de cerca y es de los pocos promotores respetados en el propio gremio empresarial al que pertenece, lo que no es cosa fácil en una isla donde tanto abundan las vanidades y las miserias humanas. Éstos, los que lo conocen, saben de su habilidad empresarial, de sus apuestas arriesgadas y, sobre todo, de su generosidad. Una generosidad que viene demostrando no sólo en sus actuaciones y en sus negocios, gastando mucho más que el resto y de lo que exige el mercado, sino también en sus aportaciones desinteresadas a clubes deportivos y de lucha canaria, grupos folclóricos, instituciones benéficas y ONG´s. Aportaciones que ha venido entregando siempre con la máxima discreción y respeto pero que algunas fuentes sitúan en más de 100 millones de las antiguas pesetas al año.
Hoy pocos dudan de que Bodegas Stratvs es una obra maestra que con el tiempo merecería ser declarada Bien de Interés Cultural, al modo y manera en que hoy lo son muchos de nuestros Centros Turísticos. Y no duden de que los que hoy ponen en solfa esa actuación serán los que mañana exijan su protección por su singular arquitectura, por su cuidada estética, por lo que representa para el sector vitivinícola y por su valor cultural. Cuando pase el periodo oficial de críticas (alegaciones populares) que toda actuación interesante recibe en esta isla, la mayoría de la gente de buena fe coincidirá en que esas instalaciones conviven perfectamente con el paisaje y que además lo engrandecen. De otra parte, el hecho de que Stratvs cuente con la tecnología más avanzada y puntera del mundo no sólo le va a permitir obtener lo mejor de nuestra uva y revalorizar así nuestros singulares caldos y la marca Lanzarote, sino que también ayudará a dinamizar aún más el sector vitivinícola de la isla, lo que nunca viene mal. Con el tiempo todos ganarán, bodegueros, consumidores y, sobre todo, los agricultores, que siempre han sido el eslabón más débil de la cadena del sector vitivinícola.
Otra curiosidad. La inversión de 20 millones de euros en Bodegas Stratvs es la mayor registrada en la última década en una obra pública y privada en la isla, fuera del sector hotelero. Una inversión, por cierto, con mucho riesgo y muy difícil de recuperar. Y ahí es donde quería llegar. A cómo contra viento y marea este empresario de la isla lleva más de cinco años sorteando todo tipo de pegas burocráticas para sacar adelante esa bodega. Cualquier otro hubiera tirado la toalla ante las dificultades y la isla se hubiera quedado privada de una gran obra por culpa de la engorrosa burocracia y las ineficientes normativas. Nos hubiéramos quedado sin una obra que beneficia directamente al campo, al agricultor, al sector primario. Pero es que, además, Stratvs es mucho más que una bodega. Se puede incluir en el concepto de excelencias turísticas, proyectos dirigidos a la diversificación y el enriquecimiento de la oferta en destinos agotados o en declive. Y sobre todo esta bodega -y eso es muy importante- ocasionará un efecto dinamizador en el sector primario y, además, ayudará a evitar que el desánimo se apodere del empresariado y de la sociedad en general, en unos momentos económicamente difíciles. Ahora es cuando más hay que creer en la isla y cuando más obligados están los empresarios que se han enriquecido con Lanzarote a invertir en actuaciones de calidad, diferentes, que aporten un plus. Ni la gente quiere ni la isla necesita más construcciones o intervenciones estándares.
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