Vamos listos
Se aprecian entre el empresariado notables aprensiones, vamos a llamarlas así, respecto a la capacidad del Gobierno de Paulino para gobernar la crisis; o para gobernar, simplemente. No son sólo, que también, las medidas económicas, anunciadas más que adoptadas, que la Cámara de Comercio de Tenerife calificó de populistas y elaboradas, es un decir, sin contar con nadie. Es que a la estrategia de confrontación con Madrid de los primeros meses ha seguido la de atemorizamiento con esos soberanismos surgidos del entorno ático frente a los que resulta notable la ambigüedad de Paulino para que no se le soliviante su socio y no decepcionar tampoco a quienes en su partido salen ahora con esa especie de irredentismo vergonzante que quiere pero no quiere romper con España y con Europa.
Nada tengo contra los independentistas y defiendo su derecho a plantear lo que tengan a bien. Otra cosa es lo de esta gente. Pienso que los canarios somos españoles de conveniencia y me resulta más fácil hablar de catalanes, vascos o andaluces que de españoles. Pero sin darle a esa actitud mental mayor importancia porque soy consciente de que semejante repelús es el propio de una generación como la mía, marcada por dosis masivas de España Una, España Grande y España Libre.
Lo que debería plantearse abiertamente es si nos conviene o no la pertenencia a un Estado europeo sopesando, por supuesto, los pros y los contras de esa dependencia, que tiene sus aspectos negativos, y a partir de ahí que cada cual opte claramente por lo que mejor le parezca según su saber y entender. Lo que no tiene demasiado sentido es esta proposición de una especie de independencia sin llegar a tanto encabezada por Miguel Zerolo que invoca el orgullo y de la dignidad canaria mientras se niega a retirar de las calles de Santa Cruz las referencias y los monumentos de la dictadura franquista que sorroballó hasta extremos nunca vistos ese orgullo y esa dignidad.
Entre la zeroliada, la ambigüedad de Paulino ante ella, las medidas económicas que no lo son, los conflictos enquistados y otras cosillas, es normal que los empresarios no sepan a qué atenerse y que la inversión tienda a inhibirse. Y no les cuento cuando, encima, el Gobierno se empeña en presentar Canarias como un territorio trasegado por la inmigración devastadora, lugar de paso de terroristas de todo tipo y bajo la amenaza de todas las lacras habidas y por haber. Si es el propio Gobierno quien siembra la alarma, ya me contarán lo que harán los del dinero.
Por si fuera poco, en lugar de ponerse lanza en ristre a combatir semejantes molinos coloca Paulino en el centro del debate político cuestiones como la Policía Autonómica, de la que espera honores de ordenanza, y esa radio pública tan extravagante que irrumpirá en las ondas la semana que viene sin haber terminado las pruebas de selección de personal. La sospecha de que sólo buscan el pretexto para contratar por vía de urgencia a licenciados de la Universidad de la Vida ya anda por ahí porque ni los que peor valoran las capacidades del Gobierno son capaces de entender semejante chapuza.
No es la confusión, el desconcierto y el descrédito social la mejor medicina para hacer frente a la crisis. Por si fuera poco, para que no se note, el Gobierno se niega a que comparezcan en comisión parlamentaria los directores generales de determinados servicios a informar profesionalmente de la marcha de sus encomiendas. Si ya el Parlamento venía bonito como mero ratificador de las ocurrencias del Gobierno y escenario del grado sumo de la malcriadez política, sólo le faltaba renunciar ahora a su labor de control del Ejecutivo. No entiendo que no propongan directamente su cierre.
Si a todo lo anterior añadimos el enquistado conflicto de Educación, los problemas de la Sanidad y la mediocridad política y de gestión generalizada, a la que agrava el sistema de cuotas de poder, se explican las aprensiones ante un Ejecutivo que muy bien podría aguantar hasta 2011 en medio de una crisis que no sabe cómo afrontar. Vamos listos, pues.
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