Susto en el PSOE
El malestar de una parte de los militantes socialistas con el aparato dirigente del PSOE en Lanzarote y, sobre todo, con la actitud de dejar hacer, dejar pasar del secretario general, Manuel Fajardo Palarea, es cada vez mayor. Hay un sector de la militancia y de los simpatizantes socialistas que consideran que Fajardo ha puesto al PSOE lanzaroteño en manos casi exclusivas del inquietante y peligroso Carlos Espino, un hombre sin escrúpulos y con merecida fama de chanchullero político. Un personaje lúgubre al que le han dejado manejar el partido desde la Secretaría de Organización a su antojo para sus exclusivos intereses y los de su círculo más próximo. Que reparte y quita prebendas bajo el criterio tan socialista de que el que se mueva no sale en la foto. Y lo peor es que los desencantados militantes -que seguirán votando al PSOE a pesar de Espino- no saben si Palarea ha cedido en la práctica el bastón de mando por irresponsabilidad con la militancia que le eligió o porque le interesa que sea su actual escudero quien siga al frente del PSOE, manejando el partido tras el Congreso que celebrarán en otoño. En eso, en adivinar las causas de por qué Manolo Fajardo quiere que Espino siga controlando el partido están algunos destacados miembros del PSOE. ¿Qué intereses extra partidarios ocultos existen para que Espino siga haciendo en el partido y en el Cabildo lo que le da la gana? ¿Algo muy importante se están jugando para que Manolo desaparezca sin desaparecer y que sus "amigos", gente ajena al socialismo de Lanzarote, sean los que lleven la organización?
Lo cierto es que ese malestar de una parte de la militancia socialista es cada vez mayor. Cada vez son más los que públicamente muestran sus diferencias con Palarea y Espino. Con los modos y maneras de entender la política, con la falta de debate interno, con la utilización antidemocrática del poder, con el uso de esa práctica tan extendida en los partidos de comprar voluntades a cambio de puestos generosamente remunerados que pagamos todo. Nada les cuento de esos militantes serios, esos simpatizantes y fieles votantes socialistas, que se llevan las manos a la cabeza del asombro cuando escuchan y ven cómo se está gobernando el Cabildo. No ya por lo que sin duda ha sido uno de los mandatos, el de Manuela Armas, con menos personalidad y liderazgo de los que han existido desde la dictadura de Franco en esa institución. Uno de los mandatos donde la parálisis institucional ha sido la mayor de los últimos años. Sino que el cabreo de los votantes socialistas surge al comprobar cómo se ha aceptado el "Plan Dimas" para salvar Inalsa sin más, sin discusión alguna a pesar del rechazo que ha tenido en la sociedad. O ver cómo se politizan de nuevo los Centros Turísticos retrotrayendo la gestión a las peores prácticas que tanto daño hicieron en el pasado reciente. Cómo Carlos Espino "quita" del medio a un profesional, al gerente de los Centros, no por pérdida de confianza, como ufano señaló al principio de la polémica, sino porque no tiene confianza suficiente en él para poder hacer cosas tan extrañas y oscuras como tirar millones y millones de las antiguas pesetas alquilando Los Aljibes, a espaldas del Consejo de Administración de la EPEL. Un centro, Los Aljibes, que se alquiló desde el pasado año y al que todavía no se le ha dado utilidad alguna. O cómo se comienza otra vez con las malas prácticas que todos creíamos desenterradas de celebrar grandes comilonas a cargo de la famosa "cuenta casa" que pagamos todos los ciudadanos de a pie.
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