Plataformas, de entrada no
La demagogia, ya saben, suele jugar malas pasadas. Se vuelve contra el que la emplea. Y algo de eso está ocurriendo con el asunto de las plataformas petrolíferas que la multinacional española Repsol se empeña en colocar frente a las costas de Fuerteventura y Lanzarote. Ahora el periódico "El Mundo" ha revelado que Repsol insiste de nuevo en que se le otorgue los permisos para continuar con las prospecciones que en su día el Gobierno español le concedió y que años después, el Tribunal Supremo suspendió por falta del preceptivo estudio medioambiental. Esa noticia de "El Mundo" ha sido desmentida por Repsol a la agencia de noticias ACN. La multinacional ha matizado que no hay nada nuevo que no hubiera hace unos años. Que no hay noticia. Pero realmente sí la hay. Todos los datos apuntan a que Repsol está presionando para que el gobierno de Zapatero permita las prospecciones petrolíferas y se deje de boberías. Es muy probable que tras estas presiones, al presidente del gobierno, Zapatero o el que venga, no le quedará más remedio que permitir antes o después a Repsol que realice las prospecciones que certifiquen la rentabilidad de extraer el petróleo que se oculta en las profundidades de los fondos marinos canarios. Posiblemente se haya sabido siempre que existía petróleo en nuestros fondos. Lo que pasa es que hace 10 o 15 años no resultaba rentable extraerlo por los elevados costes que suponía su extracción. Lo cierto es que antes la operación era muy arriesgada económicamente hablando: la rentabilidad de la extracción no estaba garantizada dada la profundidad a la que se encuentran las bolsas de crudos y existía incertidumbre sobre la calidad del petróleo. Ahora, los altos precios alcanzados por el barril permiten a Repsol correr con esos riesgos porque las expectativas de negocios son muy importantes. Por eso, muchos creen que sería un lujo, una irresponsabilidad de Estado, no permitir a una compañía española realizar las prospecciones frente a nuestras costas.
Pero las cosas son como son, y los socialistas lanzaroteños -números uno en emplear la demagogia zafia en tantos temas- la utilizaron también cuando el Gobierno de Aznar, allá por el año 2001, dio los primeros permisos a Repsol para que hiciera los primeros sondeos. El PSOE lanzaroteño se tiró en plancha contra el Gobierno del PP y sin una pizca de reflexión y prudencia, tal y como el asunto exigía, utilizó de mala manera a Zapatero. Aprovecharon una visita a la isla del hoy mandatario español para decir aquello de que mientras él fuera presidente no se colocarían plataformas frente a nuestras costas. Lo cierto es que ahora, el asunto es muy distinto, Zapatero gobierna y sabe que España no puede desperdiciar esa oportunidad de extraer petróleo, con lo que ello supondría de riqueza para las arcas estatales. Y de hecho, si todavía no ha dado el visto bueno ha sido por los problemas geopolíticos que podría traerle con Marruecos y no por las promesas electorales que hizo en su día en Lanzarote. Cuando España y Marruecos lleguen un acuerdo de quién, cómo y cuándo se pueda extraer el crudo se pasara la promesa electoral por la piedra.
Siempre he creído que sobre este complejo asunto se ha utilizado siempre más las vísceras que la razón. He echado de menos un debate serio y profundo en Canarias sobre los riesgos que corre el Archipiélago –ambiental y turísticamente nada desechables a simple vista- si se colocaran plataformas relativamente cercas de nuestras costas. Ha faltado un debate valiente y reivindicativo en defensa de los intereses de los canarios sobre las compensaciones que debiera recibir Canarias. En las actuales condiciones donde Repsol y Madrid se llevan los beneficios y a los canarios se le deja sólo con los riesgos medioambientales es muy difícil que se pueda aceptar las pretensiones de la multinacional española. Por eso, de entrada, con los actuales planteamientos de Madrid, plataformas, no.
Ha faltado un debate valiente y reivindicativo en defensa de los intereses de los canarios sobre las compensaciones que debiera recibir Canarias.
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