Polvos y lodos
El problema, siendo serios, no es el Plan de Viabilidad de Inalsa aprobado por el PIL y PSOE contra viento y marea, a pesar de la contestación social y política que ha recibido, incluido el informe desfavorable y demoledor de la interventora del Cabildo. El problema es Inalsa. Una empresa descapitalizada en la actualidad por la pésima gestión política y por la presunta utilización de sus dineros para fines ajenos a los intereses generales de la sociedad. A eso habría que sumarle una plantilla de personal ineficiente por abultada y por suponer unos costes salariales y sociales inasumibles. El declive de Inalsa comenzó hace unos 15 años. Las grandes entradas de dinero y las cuantiosas subvenciones públicas disfrazaron durante algunos años -más de la cuenta- el cáncer de la mala gestión política de Inalsa. En lugar de buscar soluciones reales y valientes cuando se estaba a tiempo, los políticos maquillaron la realidad. Al fin y al cabo, todos los protagonistas de esta historia ganaban a río revuelto. Sólo perdía el interés general que era, curiosamente, el fin con el que nació esta empresa pública cuando se creó en 1988. Los políticos que la controlaron durante esos años hacían y deshacían a su antojo. Metían y sacaban sin control. Miles de horas extras injustificadas, sospechosas subcontrataciones de obras, inversiones de dudosa rentabilidad y operaciones simplemente ruinosas llevaron a Inalsa a la actual situación de quiebra técnica.
A los políticos que gestionaban -es un decir- la empresa del agua de Lanzarote les venía bien ese descontrol porque así se servían a su gusto. Barra libre. Como en los trucos de magia, cuanta más oscuridad más trampas. Los trabajadores, que se olían lo que se cocía, no decían ni pío porque ellos también se llevaban su parte del beneficio. Callaban porque eran los empleados del ramo mejor pagados del mundo. Hasta el punto de que en estos momentos la media del coste salarial por cada uno de los casi 200 trabajadores es superior a los 3.000 euros mensuales para la empresa, gracias a un convenio laboral abusivo e improductivo, cargado de privilegios que han ido mejorando año tras año sin tener en cuenta la situación crítica que atravesaba la empresa. A pesar de eso, siempre he dicho que la culpa de los males de Inalsa (sueldos y prebendas sociales incluidos) no es achacable a los trabajadores sino a los políticos que han dirigido la empresa y que vieron en ella una mina a explotar.
Aquellos polvos han traído estos lodos. Y el Plan de Viabilidad que con tanto ahínco se ha aprobado nace no sólo por la necesidad de modernizar la empresa sino, sobre todo, porque la teta ya no da más leche. No da ya ni siquiera para pagar las nóminas y los gastos corrientes. Ya no hay donde trincar. El último ejercicio del 2007 se cerró con unas pérdidas de casi cuatro millones de euros, dos millones más que en el anterior balance. La deuda acumulada de Inalsa al día de hoy ronda los 20 millones de euros y tiende a incrementarse. Los bancos, con buen criterio, ya no se atreven a prestarle ni un euro más, mientras los gastos siguen aumentado. A Unelco le debe unos seis millones de euros en facturación, por lo que ya ha comenzado a cortar el fluido eléctrico; a corto plazo hay que pagar más de dos millones de euros a Edam Janubio por la famosa operación del sur… Ése es el peligroso y triste panorama de Inalsa en la actualidad. El problema -termino como empecé- no es que la buena de Plácida Guerra o el PIL hayan diseñado un Plan de Viabilidad o de salvación con la anuencia del PSOE. El problema estriba en la desconfianza que despierta el hecho de que quienes han llevado a la ruina a Inalsa sean los idóneos para salvarla. Y ése el problema: la desconfianza.
P.D. En lo único que coincido con algunos es en que la privatización de la gestión de Inalsa (no de la propiedad) es la única solución que tiene la compañía. Una privatización consensuada, transparente, pública y fiscalizada. Cuánto más se tarde en hacerlo, en poner el cascabel al gato, más costoso saldrá para los ciudadanos la solución. Tiempo al tiempo.
En lugar de buscar soluciones reales y valientes cuando se estaba a tiempo, los políticos maquillaron la realidad. Al fin y al cabo, todos los protagonistas de esta historia ganaban a río revuelto.
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