Dudosa reputación
Juan Fernando López Aguilar, el actual líder del PSOE canario, ha caído de nuevo en una flagrante contradicción moral, algo que les suele ocurrir a aquellas personas que van de inmaculados, de no haber roto nunca un plato. A los ojos de muchos -amigos y enemigos- López Aguilar se ha convertido en una especie de pesado loro parlanchín que se ha pasado el último año y medio criticando e insultando a media Canarias mientras exigía a la otra mitad honestidad, dignidad y honradez. El hombre tenía metido en fatiga al personal con tantas prédicas y soflamas contra todo lo que se moviera sospechosamente o no. Por suerte o por desgracia, ahora han descubierto que lo de Juan Fernando era todo un rollo patatero para ganar las elecciones. Que es humano y tiene sus debilidades morales como todo cristo. Aquí van algunos ejemplos de la doble moral “juanfernandiana”. Comparó los métodos de Dimas Martín con los utilizados por el narcotraficante colombiano Pablo Escobar para luego pactar con el PIL en las principales instituciones lanzaroteñas. Aseguró que el líder insularista representaba lo peor de la política canaria y ahora calla porque su partido gobierna con él. En su época de diputado en la oposición se pasaba los días preguntando al ministro de Justicia del PP cuándo iba a meter a Dimas Martín en la cárcel. Por el contrario, ahora que gobierna Zapatero no dice ni pío sobre las razones por las que el líder del PIL salió de la cárcel antes de lo reglado gracias al beneficio del tercer grado. No se puede ir por la vida viendo la paja en el ojo ajeno y sin ver la viga en el propio. Es cierto que la mayor parte del resto de los líderes de las otras fuerzas políticas suelen pactar con el diablo si hace falta para alcanzar el sillón de una Alcaldía o de una Presidencia del Cabildo. La diferencia es que éstos no van por ahí predicando el evangelio.
Si antes la película fue con Dimas Martín, ahora el drama es con Domingo González Arroyo, marqués de lo que queda de Las Dunas de Corralejo y ex alcalde de La Oliva por la gracia de Dios. Y es que ahora resulta que Juan Fernando López Aguilar, ese hombre de moralidad de hierro y de honestidad a prueba de bombas, da el visto bueno por lo bajini a sus dos concejales del PSOE en ese Ayuntamiento para participar en la operación que ha desbancado a la hasta ahora alcaldesa nacionalista Claudina Morales. Eso sí, a última hora y corriendo, una dudosa orden de la Ejecutiva regional socialista desautorizaba la moción de censura, aunque señalaba que no tomaría ningún tipo de medidas contra sus dos concejales en La Oliva. Y es lo de siempre, el doble lenguaje y la doble moral. López Aguilar siente tanta vergüenza de que su PSOE haya pactado con el “marqués”, tal es el follón que se le ha armado entre los militantes del propio PSOE de Fuerteventura contrarios a esa moción, que ha tenido que hacer el “paripé” de desautorizarla. Curiosamente, el líder del PSC se desmarca de la operación cuando el propio secretario insular del PSOE majorero, Domingo Fuentes, asegura que la moción de censura tenía el visto bueno directo de Juan Fernando López Aguilar. De hecho, ese apoyo de la dirección socialista de Canarias a la moción maquinada por González Arroyo ha originado una crisis en el seno del PSOE de Fuerteventura, gente seria que no entiende cómo López Aguilar se ha compinchado con el ex alcalde de La Oliva.
Al final, con esa operación de Fuerteventura se demuestra que Juan Fernando es algo más que un inteligente político sin mano izquierda. Se demuestra que la honradez y la honestidad en política son relativas, como todos hemos sabido siempre. Y se demuestra que la debilidad, los rencores y el egoísmo son comportamientos arraigados, por desgracia, en la mayoría de los humanos, sean del PSOE o del PP o de CC. Estar todo el día con discursos cargados de moralina no hace mejor a los políticos. Al contrario, lo que consigue es hacer mayor la hipocresía y al cinismo en el que caen. Y me da que a Juan Fernando le ha pasado algo parecido a lo que le ocurrió al circunspecto conserje del Casino de Santa Cruz cuando un afamado catedrático de Derecho de esa isla pretendía entrar con dos señoritas ligeras de ropa y de risa fácil a un baile de la aristocrática sociedad santacrucera.
“Lo siento pero no puede entrar al Casino con estas dos señoritas de dudosa reputación”, le dijo muy educadamente el conserje. A lo que tan educadamente como le permitieron su inteligencia y las copas que había tomado le respondió el profesor lagunero: “Señor conserje, le aclaro que estas dos jóvenes no son de dudosa reputación, son putas. Las de dudosa reputación son todas ésas -señalando al salón de baile- que están ahí dentro en el Casino”. Pues eso, don Fernando.
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