La isla no puede esperar
Mientras la tormenta económica inicia su mayor virulencia con tres frentes activos, aquí en la isla de Lanzarote, los dirigentes políticos asentados en el Cabildo de Lanzarote y Ayuntamiento de Arrecife siguen en la inopia sin enterarse de las consecuencias que la crisis está llevando a las empresas y familias lanzaroteñas. Parece que han contraído una parálisis mental y física porque nadie entiende como no se han anunciado, después de más de un año en el poder, medidas que puedan aliviar una situación económica que irá de mal a peor. Hace meses desde estas mismas columnas advertía que el lobo venía y con los colmillos bien afiliados, que este tipo de crisis era una verdadera amenaza para las empresas y que las más perjudicados serían las familias con nivel adquisitivo medio-bajo. Hoy ya se habla de más de 12.000 personas que se han ido al paro en la isla y la lista seguirá aumentando si no se toman medidas urgentemente.
Nadie sabe quién dirige el Cabildo; nadie sabe quién dirige el Ayuntamiento de Arrecife porque hasta ahora sólo el secretario de organización del PSOE y consejero de Presidencia y Centros Turísticos, el supercomisario Carlos Espino, acapara todo el protagonismo, al menos, en los grandes temas; es el único que hace manifestaciones y convoca ruedas de prensa, si bien es cierto, que es para hablarnos del sexo de los ángeles, crispar el ambiente y poco más... Y para eso no hace falta tantas alforjas. Da la sensación que la presidenta y el alcalde son figuras decorativas, al menos, de cara a la opinión pública. En cuanto al PIL, partido que gobierna con los socialistas, en ambas instituciones, está desaparecido desde que su presidente, Antonio Hernández, dimitió de sus cargos y se marchó de la política, hastiado del ambiente hostil que se respiraba en el grupo de Gobierno.
Ante este panorama desolador, es comprensible que las dos instituciones más importantes de la isla no funcionen ni puedan proyectar nada. Ahora solo se dedican a inaugurar obras de la anterior legislatura y a tirar por la borda proyectos que estaban aprobados. Otro que está en la inopia es el secretario general del PSOE insular, Manuel F. Palarea, que ha permitido que un insensato dirija los grandes temas que tiene pendientes la isla. En este sentido, parte de las bases socialistas y cargos públicos empiezan ya a cuestionar el liderazgo de Fajardo Palarea por su falta de protagonismo y dejadez. Y lo que es peor aún, es que el Sr. Palarea permita que personas ajenas al partido, defensores a ultranza de los intereses de un conocido y poderoso empresario, marquen y casi impongan la hoja de ruta en el Cabildo y en el Ayuntamiento de Arrecife. El caso no es que aconsejen la hoja de ruta a seguir, sino que se les permita y consigan frenar el desarrollo y evolución de un pueblo. Ahí están los fehacientes ejemplos de todos los proyectos y planes paralizados que se habían plasmado en la anterior legislatura y todo por el puro egoísmo de favorecer y engordar aún más las arcas de un empresario que todo el mundo conoce como se las gasta en esta isla, en cuanto a su política monopolista. Y por ahora no digo más. Algún día todo se sabrá. Pero en este caso no me consuela visionar de nuevo la película La Caída de los Dioses de Luchino Visconti cuando el nacionalsocialismo tomó el poder en Alemania y donde el genial director hace una mezcla de Macbeth y Edipo, en los tiempos del auge del nazismo, la corrupción y la inmoralidad.
Yo recomiendo a Manuel Fajardo Palarea, por el bien de su partido y por el bien de la isla, que tenga la dignidad humana de plantearse su salida, o cambie la política suicida que está siguiendo en las dos más importantes instituciones de Lanzarote. En plena recesión económica es cuando los administradores públicos deben demostrar su valía, su entereza y están obligados a tranquilizar a la población a la que sirven con políticas transparentes y enfocadas a aliviar la situación económica en la que nos encontramos. Porque gobernar con incertidumbre y ansiedad, sin planes ni inversiones públicas, es llevar a la isla directamente a un precipicio.
La crisis está en plena ebullición y, según competentes analistas, lo peor está por venir porque los datos económicos empeoran con el paso de las semanas. Y no hago aquí un canto al pesimismo, todo lo contrario, creo que siempre he demostrado que con pragmatismo y no huyendo de la realidad, las situaciones embarazosas se pueden enderezar. Por eso pido a la clase política lanzaroteña una plena y constante involucración en la crisis y que piensen en las tasas de desempleo que serán un infierno para las miles de familias lanzaroteñas.
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