Año perdido
Algo más que una sensación intangible resulta el hecho de que Lanzarote ha pasado un año más en blanco. Las dos principales instituciones de la isla, el Cabildo y el Ayuntamiento de Arrecife, gobernadas ambas por el pacto PSOE-PIL, han defraudado a la mayoría. Incluso a los propios e ilusionados votantes de esos partidos, que esperaban mucho más. La sensación de que lo nuevo ha sido peor que lo viejo es cada vez más extendida. Y es que llegar a la conclusión de que lo más destacable que ocurrió en la primera mitad del año fueron las tensiones internas en el seno del grupo de Gobierno y la total parálisis institucional, provocadas ambas por si le daban o no el tercer grado a Dimas Martín, habla muy mal del funcionamiento de ese pacto. De hecho, hasta que el PSOE lanzaroteño no cumplió su presunta promesa preelectoral de facilitar este régimen penitenciario al líder del PIL no se disparó un chícharo. El grupo de Gobierno del Cabildo, se dice fácil, no presentó ni un solo proyecto, no sacó adelante ni una sola obra pública por mínima que fuera. Mientras el Cabildo sesteaba, su presidenta de honor, Manuela Armas, iba como alma en pena presentado su manoseado Plan de Sostenibilidad allá donde la quisieran o no escuchar. Por no hacer los deberes, ni siquiera sacaron adelante el famoso PTE que tanto empeño puso Carlos Espino en aprobar en el anterior mandato bajo la excusa de que si no salía adelante en el año 2006 se podían activar 25.000 camas más en Lanzarote. Otra trola del sectario Espino, como el tiempo se ha encargado de demostrar.
Pero si en el Cabildo de Lanzarote se ha perdido un año, y lo que rondaré morena, en el Ayuntamiento de Arrecife la sensación de barco a la deriva es todavía mayor. El propio alcalde capitalino, Enrique Pérez Parrilla, en un alarde de valentía y sinceridad, manifestó en plena crisis del grupo de Gobierno que si se celebraran las elecciones en ese momento ni él mismo se votaría. Un alarde de sinceridad pero una muestra de ineficiencia política evidente. Al grupo de Gobierno se le atragantó nada más entrar el Plan General de Arrecife, el documento en el que ambos partidos basaron toda la campaña electoral contra Isabel Déniz. Casi un año se pasaron mareando la perdiz sin decidir qué hacer con esa papa caliente. Hasta que Dimas Martín dio el visto bueno para que “asesinaran” al Plan de Isabel, en un acto de irresponsabilidad que nunca sabremos muy bien los costes que tendrá para el desarrollo y prosperidad de la ciudad. Sobre todo cuando podrían haberle dado la vuelta al calcetín y haber corregido todo aquello que no les gustara del Plan aprobado inicialmente en el anterior mandato. Y lo peor, no es que “finiquitaran” el citado documento, sino que la ciudad no tendrá planeamiento hasta dentro de cinco o seis años, como mínimo. Hasta entonces, Arrecife se regirá por un Plan que se aprobó en 1991, hace casi 20 años, cuando la ciudad de entonces nada tenía que ver con la de ahora. Entre otras cosas, porque en ese tiempo se ha duplicado la población. Pues eso, que Arrecife sigue sin Plan y, por lo tanto, sin poder acometer las grandes infraestructuras de tipo social, educativo y sanitario porque no hay suelo público. Una ciudad paralizada para satisfacer el caprichito del presidente de la Cámara de Comercio, Eduardo Spínola, que no quería ni en pintura el Plan de Isabel porque éste permitía desarrollar tres nuevos polos comerciales: Garavilla, Rocar y Agramar.
Lo peor es que las dos acciones de cierto calado que se han adoptado durante este año de gobierno son de dudosa eficacia. La primera fue la elección de la explanada de El Reducto para colocar el tan deseado Auditorio que construirá el Gobierno de Canarias a través de la Consejería de Turismo. Una elección adoptada deprisa y corriendo que evita el emplazamiento de estas instalaciones en el Islote del Francés, donde muchos coinciden que era su entorno natural e ideal. La otra gran propuesta es la del Catálogo de Bienes Protegidos. Un Catálogo que sólo servirá para arruinar a los propietarios de esos edificios, muchos de ellos de dudoso valor, más allá de que son viejos, y para que el 90% de esas casas se caiga al suelo con el tiempo. Una solución no sólo injusta, sino ineficaz. Y toda esa parálisis institucional se produce mientras la crisis golpea fuerte, cada vez en más puertas de las familias lanzaroteñas.
El Cabildo y el Ayuntamiento de Arrecife, gobernados ambos por el pacto PSOE-PIL, han defraudado a la mayoría. Incluso a los propios e ilusionados votantes de esos partidos, que esperaban mucho más.
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