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Murgas y homófobos
La controversia surgida en Lanzarote por el traslado del carnaval capitalino de la zona de El Almacén a la fría explanada del Recinto Ferial se suma a otra polémica que estos días se vive en los medios de comunicación de Gran Canaria y sobre todo de Tenerife. Me refiero a la denuncia que el llamado Frente de Liberación de Gays y Lesbianas de Canarias va a presentar en el Tribunal Europeo contra los ayuntamientos de las islas capitalinas por permitir a las murgas interpretar canciones con contenido claramente homófobo. Otros colectivos y asociaciones de gays y lesbianas, aún creyendo insultantes y machistas las expresiones y las letras de esas murgas, se desmarcan de la denuncia y la creen excesiva e ineficaz. Son partidarios de acercarse de manera más pedagógica a la sociedad y hacerles entender a los componentes de esas murgas que esos mensajes son claramente machistas y sexistas. Comparto esa opinión. Más todavía, a veces me sorprendo de cómo muchos colectivos de carácter feminista, homosexual o ecologista que en su día nacieron para defender los valores más progresistas y modernos de la sociedad luego se convierten en avanzados arietes del movimiento social partidario de endurecer al máximo las penas del Código Penal, de castigar con dureza a los culpables y de ser poco aliados del perdón. Dicho esto, me parece que la polémica originada por las letras homófobas e insultantes utilizadas por algunas murgas canarias (también las he oído en Lanzarote, por suerte cada vez menos) tiene su sentido, aunque creo que se ha planteado mal.
El otro día, en el nuevo programa de debate de la Televisión Canaria “El Envite”, al que fui invitado, el presentador Carmelo Martín sacó oportunamente la polémica aprovechando que estaban en el plató el conocido alcalde de Santa Cruz de Tenerife, Miguel Zerolo, y el artista Pepe Dámaso. Este último nunca ha ocultado su homosexualidad, aunque tampoco ha hecho exhibicionismo de ella como otros que con su actitud tiran a la basura décadas de lucha a favor de la dignidad humana. Exhibicionistas que desvirtúan y caricaturizan en general a los movimientos de gays y lesbianas, y que no ayudan a combatir la situación de vergonzosa ignominia a la que se han visto sometidos -cada vez menos- por la sociedad española en general. Allí traté de explicar -con poca suerte por el formato apresurado del programa y por torpeza propia- que el problema no es de las murgas. O que, siéndolo en parte, es más preocupante el éxito que todavía tienen esos mensajes claramente sexistas y homófobos en una mayoría de la sociedad canaria.
Si los canarios no le siguieran la “gracia” a los murgueros de turno que todavía utilizan esos mensajes claramente denigrantes para la condición sexual del individuo y para la propia condición humana pocas “murgas” se atreverían a cantar (lo de cantar es un decir) esas letras llenas de tics machistas y sexistas. Si en lugar de reír y aplaudir se silbara a las murgas que todavía viven en la era del homo erectus otro gallo cantaría -y nunca mejor dicho- en Canarias. Y lo peor es que ese éxito que todavía tienen entre una gran parte del público refleja, por desgracia, el atraso cultural y civil de una parte importante de la sociedad insular, algo que por suerte una gran mayoría rechaza. Pero sobre todo refleja el gran camino que todavía queda por recorrer en el campo de la formación en este archipiélago. Sin duda, los alcaldes de Tenerife y de Gran Canaria podrían hacer mucho más contra las conductas homófobas de algunas murgas, ya sea eliminándolas de los concursos o retirándoles las subvenciones, pero ésa no es la solución. La solución está en nosotros, en usted, en mí y en ponerse en la piel del otro.
El problema no son sólo las murgas que interpretan canciones con contenido claramente homófobo; el problema es el éxito que todavía tienen esos mensajes en una mayoría de la sociedad canaria.
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