Íbamos de proa al marisco
He leído con detenimiento la entrevista que, en esta misma edición, Arantza Borrego le realiza a la nueva consejera de los Centros Turísticos y vicepresidenta segunda del gobierno insular, Astrid Pérez (PP) y, ciertamente, me ha dado pánico, por un momento, pensando las consecuencias irreparables que hubiesen sucedido en la primera empresa pública de Lanzarote, si la clamorosa moción de censura a Manuela Armas, el pasado 17 de octubre, hubiese fracasado. La entrevista no tiene desperdicio y hay que leerla entre líneas porque Astrid ha sido benevolente; no ha querido echar mucha leña al fuego, actitud que le dignifica como persona y política. Dice Astrid, “Me he encontrado con una empresa que está gravemente tocada desde el punto de vista económico-financiero…”, “Una empresa desorganizada y desestructurada”. Yo sólo les recomiendo que la lean. Estamos hablando de los CACT y su gran dimensión económica, social y cultural. Cuenta con 350 trabajadores y recibe una media anual de dos millones y medio de turistas. En la entrevista la consejera no lo dice, es cauta, pero si sé por otras fuentes que la restauración, el patito feo de los centros, están abocados al cierre si en unos meses no se proyectan nuevas estrategias que hagan viables los mismos. Es más, el Cabildo no podrá hacer frente a las cuantiosas pérdidas que originan cada mes los restaurantes y si, en principio, a cualquier político le da pánico entrar en cuestiones laborales, creo que el propio pleno del Cabildo tendrá que plantearse medidas muy urgentes y, posiblemente, antipopulares, para solucionar un gravísimo problema que hasta podría paralizar económicamente a la misma institución. Fue Pedro San Ginés quien dio un paso importante con la creación de la EPEL, en el intento de profesionalizar la empresa pública, pero como es sabido el anterior consejero, redujo su configuración y dirección, para volver a politizar la gestión de los centros. Ahora pagamos las consecuencias de unas prácticas irresponsables, en plena crisis económica, llevando a la empresa a la debacle porque no impulsó ninguna medida para al menos impedir los números rojos en la que se encuentra actualmente. Todo el mundo es consciente que los CACT debe de armarse de instrumentos innovadores para hacerlos viables, porque de lo contrario la sociedad lanzaroteña no podrá soportar la pérdidas para mantener una empresa pública sobredimensionada laboralmente hablando y encima politizada y sindicada. No es la primera vez que hablamos de esta cuestión y al margen de la trágica gestión de Carlos Espino, insisto que hay que avanzar para buscar la mejor solución que, estoy seguro, tendrá que pasar por privatizar la restauración a través de una empresa mixta, donde exista capital público y privado. No nos engañemos. O se aceleran las medidas de recuperación, con estrategias inteligentes y productivas, o los centros turísticos van de “proa al marisco”.
A la nueva consejera, Astrid Pérez, como ella bien dice “me ha tocado bailar con la más fea, pero me gustan los retos”. Significativas palabras que, al menos, por el momento, son tranquilizadoras, porque ofrece optimismo, dentro de la incertidumbre sobre el destino de los CACT que, actualmente, se percibe oscuro. Y estoy con ella que lo primero que hay que hacer es estabilizar la empresa y para que, en medio plazo, con sosiego y reflexión, tomar las medidas necesarias para propiciar el mejor modelo de gestión. Estoy seguro de que Astrid Pérez, encontrará el camino, con el apoyo del actual grupo de gobierno.
En esta ardua empresa será necesaria la valentía, pero también el pragmatismo.
|