El modelo está consumido y agotado
El presidente del Cabildo de Lanzarote, Pedro San Ginés y la nueva consejera delegada de los Centros Turísticos, Ástrid Pérez, han hecho oficiales los números rojos de la entidad pública. Si bien es un pormenorizado diagnóstico, han adelantado –a través de una rueda de prensa- que la deuda actual de los Cact -hasta octubre- es de 14.441.143 euros que, traducido a las antiguas pesetas, asciende a cerca de dos mil quinientos millones. Si bien este periódico, desde hace más de dos años, ha venido desarrollando una línea muy crítica sobre las formas y maneras de gestionar la empresa pública por el anterior consejero socialista, Carlos Espino, ahora las cifras ponen de manifiesto que no existía ninguna “campaña orquestada” por los medios del grupo Lancelot. Precisamente, por la actitud crítica e independiente llevada a cabo, el grupo Lancelot pagó un alto precio en su facturación publicitaria que, en su momento, se consideró la actuación del grupo de gobierno del Cabildo presidido por Manuela Armas: “un abuso y un ataque a la libertad de expresión”. Pero esto es otra historia. Ahora el nuevo grupo de gobierno en el Cabildo, conformado por CC, PIL, PP y PNL, tienen por delante un gran reto, al margen de informar a la opinión pública las malas prácticas utilizadas por algunos políticos del anterior grupo de gobierno, incluida su presidenta, para que todos podamos conocer la nefasta gestión llevada a cabo en la primera institución de la Isla. Así de sencillo. Porque la quiebra de Inalsa, los números rojos de los CACT y la situación insostenible de Zonzamas no puede quedar inmune, como ocurre siempre, y echar la mirada para otro lado. Por eso, la responsabilidad del nuevo grupo político en el Cabildo la está cumpliendo, anunciando, oficialmente, la situación delicada de los Centros Turísticos. Aquí no se trata de revanchismo, sino que cada “palo aguante su vela”. Los habitantes de esta isla piden transparencia, ocultada desde que los anteriores dirigentes tomaron posesión. No están los tiempos para bromas. Que la primera industria turística de la isla pierda cerca de quince millones de euros es para reflexionar muy profundamente sobre su devenir. Si con un presupuesto anual de 21 millones de euros, se producen esas escandalosas pérdidas y si, encima, añadimos el alto coste que generan los salarios de una plantilla sobredimensionada, -16 millones de euros anuales-, irremediablemente, se tiene que llegar a la conclusión de que la estructura económica de los Cact es un modelo consumido y agotado. Porque independientemente de la mejor, regular o mala gestión de sus dirigentes de turno, lo que está claro es que si no se cambia la actual “receta” y se adapta los Centros Turísticos a la modernidad de los actuales tiempos, innovando su estructura productiva y laboral, el fracaso está servido, por muchos esfuerzos que realicen trabajadores y empresa. Es como publicar la esquela antes de morir. También quiero aclarar que la crisis económica internacional y, en particular, la que atraviesa Lanzarote, quizás la más larga y duradera de su historia, no sirve como disculpa porque el mal de la entidad pública viene de muchísimo antes que apareciera la recesión económica. Lo que sí está claro es que la economía del pasado no volverá, de ahí que si no nos adaptamos a los nuevos modelos que están por venir, la situación no solo empeorará sino que se podría llegar al caso de cerrar la restauración de los Centros. En mi opinión, las pocas salidas, naturalmente traumáticas, para los restaurantes sería privatizarlos o buscar fórmulas a través de una empresa mixta –pública y privada- que explotaran los mismos. También cederles la explotación a los propios trabajadores de forma gratuita. Ya sé que los dirigentes del pastoreo sindical se alzarían “en pie de guerra” contra el Cabildo y conociendo las experiencias pasadas –les recuerdo cuando Pedro San Ginés creó la EPEL- será difícil y compleja cualquier fórmula que sirva para salvar una industria que se encuentra en un pozo ruinoso y con pocas salidas. Y en esto de la economía no hay “recetas mágicas” y el abanico de soluciones es tan estrecho que percibo un futuro lleno de incertidumbres y bastante sombrío.
A gestión de Espino es sólo una anécdota, si se quiere irresponsable y partidista, pero no nos podemos entretener –denunciarlo sí, en su desfavorable y politizada gestión, si no se adoptan, urgentemente, medidas y decisiones valientes, por muy “anti populares” que sean. El tiempo apremia.
Strid Pérez ha asumido una responsabilidad que traducida en el argot popular significa “ponerse una bomba de relojería en sus propias manos”. Ella misma ha manifestado que acepta el reto. Eso la dignifica. Pero pienso que necesitará mucha ayuda. Que el “dios de la Fortuna” la ampare… para encontrar de nuevo “la gallina de los huevos de oro”. El pueblo está contigo.
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